De cualquier manera imaginable las medusas nebulares giran electromagnéticas, paulatina y lentamente. Su belleza incita al tacto. Pero su respuesta es veneno. La gracia y la hermosura incineran seduciendo. El arte en cambio es intocable, antimatérico y excluido al cuerpo. Sólo se regocija en la vista, en el oido. ¿Por qué no encontrar el tacto lacerante de la belleza en un arte palpable?
sábado, 11 de julio de 2009
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